Heridas de amor
Un ardor salió desde la esponja, con tanta vehemencia que hasta el apósito quedó sorprendido. El resto nos miramos asustados y, de hito en hito, acallamos la intensidad de nuestras sospechas. Si esto es el amor, no querríamos experimentar lo que traería aparejado el odio, musitó el músculo. El tendón, por su parte, horrorizado quiso huir, pero lo retuvimos a tiempo. RICARDO BUGARÍN (General Alvear, Mendoza, Argentina, 1962)
