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Paralelas

Las paralelas no se tocan jamás. Excepto cuando la horizontalidad del destino las pone una encima de la otra. Entonces, no sólo se tocan, se rozan, se lamen, se escupen, se muerden, se injertan, se penetran, se horadan las profundidades y se escarban las planicies, se enredan, se engullen y se segmentan. Luego de un tiempo imposible de medir con escalas humanas suelen recuperar la decorosa verticalidad que las caracteriza para seguir siendo lo que todos esperamos que sean, paralelas que saben mantener su lugar.

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