El lector
El anciano podía leer las nubes que traerían la lluvia al campo. Podía leer las formas que las estrellas dibujaban en el cielo infinito. Podía deducir el significado de los sueños. Podía leer los mensajes ocultos que traía el oleaje del río. Podía leer el vuelo de los pájaros. Podía entender todos y cada uno de los sonidos del monte y podía descifrar las huellas de los animales. Podía leer el desprecio y la vergüenza en los rostros extraños. Podía adivinar la mentira en las promesas. Podía entender la ingenua mirada de los niños. Podía leer el mundo, entender la vida que le había tocado y descifrar su futuro cercano. Sin embargo, por más que se esforzaba no podía leer las palabras que el abogado le señalaba en el contrato.
