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Yo también maté a un Terminator

La verdad es que los terminators no se la bancan. Son puro verso y efectos especiales que ganaron fama gracias a los músculos de Schwartzeneger. Mirá que venir a decirme a mí justamente que en el futuro las máquinas van a gobernar a la humanidad, y que por eso él, que no era más que un pedazo de lata de picadillo, me tenía que proteger de otro aparato como él que me quería eliminar porque yo iba a ser el líder de los humanos rebeldes que se enfrentarían con los tarados de metal del futuro. Ni una vez siquiera lo escuché decir la bobada de «Hasta la vista, baby» y de la Harley ni hablar. La cosa esa bajó del colectivo, el 40, el que para en la esquina de casa; a los dos de la tarde y con el calor que hacía. Ni campera de cuero, ni anteojos oscuros; buzo, camiseta de Boca, gorrito y ojotas. Yo estaba con los vagos, en la vereda, tomando tereré con jugo y escuchando cumbia, re-tranqui. Cómo nos reímos cuando lo vimos. El coso ese llegó desesperado con que tenía que ponerme a salvo, y que ...

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