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El bar de Benítez, en la nube

 Hace una semana aparecí acá,  en ese rincón junto a la ventana, y conocí a Benítez; un genio, el primer tipo que logra subir cosas tangibles a la nube. Empezó subiendo una silla. Sí, una inerte pero no por eso menos importante silla de madera. No conforme con esto, logró subir también otras cosas: una mesa, un vaso de vidrio, una botella de vino, un paraguas, un cenicero, unas monedas, maní salado, una picada, un termo, un mate, un tarro de café, una ventana, una baldosa, un arbolito, una radio vieja, un taburete, incluso un viejo mozo con un escarbadientes en los labios. Enseguida Benítez vio el negocio. Ahí nomás se mudó y se armó un barcito en la nube.

_ Es un lugar hermoso, se respira un aire a nostalgia _ le digo a Benítez.

_ Es porque un troyano se coló en la subida de un tubo fluorescente _ me contesta.

Ni bien aparecí acá, Benítez me explicó que necesitaba un escritor, para darle más onda al lugar, que por eso me subió a la nube. Soy su invitado especial. Me aseguró que va a ser por un tiempo nada más, hasta que el negocio arranque, y me quedé. Aunque no le dije que ando con falta de inspiración. Me trata como a un rey y se come lindo. Sin embargo, todo es precario, aún, en la nube. El bar no tiene servilletas de papel. Benítez no encuentra cómo hacer subir objetos de papel a la nube.

_ Cualquier otra cosa sí pero papel, no _ me explica Benítez, con cierta decepción en la voz.

_ Es una pena, porque tengo tantas ganas de escribir _ le miento.

_ No te puedo conseguir papel, pero puedo subir la calefacción _ me responde.

En eso la veo aparecer de repente, como todo en la nube. Una hermosa morocha sentada en la mesa dos, cerca de la barra. Es joven y simpática. Se llama Eva, es cantante _ me informa el mozo. La miro y me mira un poco sorprendida.

Además de Benítez y el mozo que son tipos entrados en años, soy el único hombre en la nube. De pronto tengo ganas de escribir. Y acá estoy, mirando a la morocha y escribiendo con el dedo sobre el vidrio empañado de la ventana. Debo reconocer que este lugar tiene futuro.


© Sandro CE.

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