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Nos emocionamos

 Los jugadores entran y la tribuna estalla. Hay felicidad en los rostros.  

“¡Se los extrañaba muchachos!”. 

Todos cantan y gritan. El equipo queda perplejo ante semejante demostración de cariño. No lo pueden evitar, se escapan las lágrimas, explota el llanto. Entran los rivales y también ellos se rinden a la emoción. Lloran y moquean con desconsuelo. 

Los árbitros intentan recuperar el decoro. Es tarde, el lineman tiene los ojos empañados. Así no se puede, dice el juez. 

Toca el silbato y sentencia: “partido suspendido”. 

Todos nos retiramos profundamente emocionados.


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